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Trabajar con IA: el nuevo modelo laboral, según Jon Hernández
En el pódcast Roca Project, el divulgador Jon Hernández habla sin rodeos de cómo la inteligencia artificial está cambiando el trabajo. Nos quedamos con lo que más nos importa: las personas en esa transición.

Hay entrevistas que se escuchan y otras que se subrayan. La de Jon Hernández, divulgador de inteligencia artificial, en el pódcast Roca Project es de las segundas. Durante hora y media habla de casi todo: qué es la IA, sus avances en medicina, los deepfakes, el futuro… Pero hay una parte que nos toca de lleno, porque va de lo que hacemos cada día con equipos y organizaciones: cómo está cambiando el trabajo.
No es humo: es productividad
Jon reconoce que alrededor de la IA hay mucho hype económico, como lo hubo con las puntocom. Pero insiste en separarlo de la tecnología, que funciona de verdad. Para demostrarlo, prefiere los datos de hoy a las predicciones.
Según un estudio de Brookings Metro que cita, en los trabajos que se hacen delante de un ordenador, entre el 40 y el 60 % de las tareas pueden hacerse en la mitad de tiempo con IA. Y pone un ejemplo cercano: el BBVA dio licencias de ChatGPT a 3.300 empleados durante cinco meses para medir qué pasaba. El resultado fue un ahorro de 2,8 horas semanales por persona, y después compró 11.000 licencias más.
Lo difícil es la transición
El problema, explica, no es el destino, sino el camino. Toda revolución tecnológica ha acabado creando más empleo del que destruyó, pero antes ha pasado por una transición muy dura. En la revolución industrial, los sueldos tardaron unas tres décadas en recuperar su nivel. Con la crisis de las puntocom, en Estados Unidos se perdieron dos millones de empleos y en los diez años siguientes se crearon cuatro millones nuevos. Mientras tanto, dos millones de personas tuvieron que buscarse la vida.

Ahora ve algo parecido en profesiones como el diseño gráfico, la traducción, el doblaje o la fotografía de archivo. No cree que vayan a desaparecer, pero sí que habrá menos profesionales: si alguien que hacía diez encargos al mes puede hacer cuarenta, y la demanda no crece al mismo ritmo, otra persona se queda sin ese trabajo.
Por eso su consejo no es cambiar de profesión, sino volcarse en hacer lo mismo con inteligencia artificial. Y a quien está decidiendo qué estudiar, le dice que estudie lo que le apasione, pero usando la IA. Saber usarla, resume, te hace más resiliente.
Del becario al compañero de trabajo
Para Jon, el error más común es tratar la IA como un buscador o como un becario al que se le encargan las tareas que no apetecen. Lo que funciona es otra cosa: tenerla como un compañero con el que se trabaja mano a mano, para contrastar ideas, revisar, preparar y pensar en equipo. No se trata de delegarle tareas, sino de crear flujos de trabajo en los que forme parte del día a día.

Si a día de hoy alguien está trabajando de la misma forma que trabajaba en 2024, está trabajando mal.
Jon Hernández en Roca Project
Cuando entra en una empresa, una de las primeras cosas que mira es cuántas personas tienen la IA abierta todo el día, igual que el correo o la mensajería. Para él, eso es integrarla de verdad. Y asegura que el esfuerzo compensa: unas pocas horas de aprendizaje pueden ahorrar entre dos y cuatro horas a la semana a quien trabaja con un ordenador.
Donde ya sustituye
Hay un área en la que Jon ve sustitución, no solo ayuda: la atención al cliente. Cuenta demostraciones de agentes de IA que atienden por voz sin que el cliente note la diferencia, y asistentes que llaman por ti al taller para pedir cita. Prevé que, en poco tiempo, sean dos inteligencias artificiales, la tuya y la de la empresa, las que resuelvan una incidencia antes de que nadie se entere.
En el propio pódcast lo viven a diario. El informe que preparan sobre cada invitado llevaba unas cinco horas de trabajo y ahora, con un agente de investigación de IA, sale en diez minutos. Quien lo hacía no sobra: dedica ese tiempo a lo que la IA todavía no hace. Pero Jon avisa de que no siempre será así.

Le preocupan especialmente los puestos de entrada, los primeros trabajos de oficina. Recuerda que Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, ha advertido de que la mitad podrían desaparecer en los próximos años, y que McKinsey calcula que entre 400 y 800 millones de empleos en el mundo podrían perderse hasta 2030, según cómo se adopte la IA. Él mismo lo matiza: «Nadie tiene una bola de cristal».
Más allá del dinero: el propósito
La parte más humana de la conversación llega al final. Jon imagina un mundo con mucho crecimiento económico, pero en el que una parte importante de la población no tenga empleo. Medidas como una renta básica podrían resolver lo de poner un plato en la mesa, pero no el propósito: el trabajo también es identidad, y no tener nada que hacer cada día es un problema serio.
Por eso cree que habrá que replantear el pacto social. Y por eso le preocupa, sobre todo, la transición: que el menor número posible de personas se quede por el camino. Su receta es que la mayoría integre la IA en su trabajo y la vea como una aliada, no como una enemiga.
En el peor de los casos, te preparas para el tsunami y luego acaba siendo una ola. Bendito problema.
Jon Hernández en Roca Project
Lo que nos llevamos en Social & Tech
En esta entrevista hay predicciones con las que se puede estar más o menos de acuerdo. Pero hay una idea que compartimos del todo: la tecnología cambia deprisa, y quien marca la diferencia son las personas que aprenden a usarla. Es lo que entendemos por desarrollo humano con transformación digital: acompañar a los equipos para que la IA les sume, sin dejar a nadie atrás.

¿Quieres que hablemos de cómo dar ese paso en tu equipo? Escríbenos.


