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Investigación de usuario: la lección de Barrio Sésamo

Antes de diseñar hay que conocer a quien lo va a usar. Barrio Sésamo nació de una investigación de usuario ejemplar, y sus efectos todavía se estudian.

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Investigación de usuario: la lección de Barrio Sésamo

Ahora que empezamos a verle las costuras a la inteligencia artificial, o que ya nos hemos acostumbrado a unas determinadas expectativas, es de rigor volver a creer en la inteligencia humana y en la importancia de conocernos, de saber cómo somos.

En informática esto se llama investigación de usuario: un proceso crucial en el diseño de productos y servicios, en el que se recopila y analiza información sobre las personas que los van a usar para comprender sus necesidades, comportamientos, deseos y limitaciones.

Un caso de éxito

Imagina por un momento esta situación:

  • Un país con mucha población, malos resultados escolares y muy pobres expectativas de futuro en ciertos colectivos.
  • Dificultad para ofrecer educación preescolar universal.
  • Niños y niñas en edad escolar que pasan mucho tiempo solos o sin que sus familias puedan apoyar su educación.
  • Esos niños y niñas, a pesar de los bajos ingresos, tienen acceso a tecnología potencialmente educativa, pero que no está orientada a ese objetivo.

Podría ser cualquier país en vías de desarrollo; incluso podríamos estar hablando de algunos territorios de España.

¿De qué país hablamos?

En los años 60, Estados Unidos vivía un gran crecimiento cultural y económico que se apoyaba en buena medida en trabajadores de barrios humildes. Los niños de esa generación pasaban prácticamente todo el día consumiendo tecnología (en aquella época, la televisión) mientras esperaban a que sus padres volvieran del trabajo.

Lyndon B. Johnson asumió la presidencia tras el asesinato de Kennedy y se propuso atajar el problema de raíz con un conjunto de programas y políticas contra la pobreza y la discriminación racial.

Joan Ganz Cooney, productora de televisión y cofundadora del Children's Television Workshop
Joan Ganz Cooney, productora de televisión y cofundadora del Children's Television Workshop

En ese contexto, Joan Ganz Cooney, una brillante productora de televisión, y Lloyd Morrisett, de la Carnegie Corporation, fundaron en 1968 el Children's Television Workshop, con fondos de fundaciones privadas y del Gobierno federal. Reunieron a psicólogos, educadores, técnicos y guionistas con un fin: crear un programa de televisión que combinara educación y entretenimiento para preparar a los niños para la escuela y enseñarles habilidades básicas, como reconocer letras y números, con marionetas, animaciones y canciones.

Sin investigación, no habría Barrio Sésamo.

Sesame Street

Así nació lo que en España conocimos como Barrio Sésamo: una concienzuda investigación de usuario, desarrollada por un equipo multidisciplinar para atajar un problema concreto. ¿Os suena?

Como era un programa para niños, decidieron usar marionetas, aunque siempre con algún humano en pantalla para que el impacto psicológico no fuera tan fuerte. Si os fijáis, el decorado de Sesame Street es una calle típica de los antiguos barrios de Nueva York, como Harlem o el Bronx, con sus escaleras de acceso a los portales y sus cubos de basura metálicos.

La calle de Sesame Street, con sus escaleras y sus cubos de basura metálicos
La calle de Sesame Street, con sus escaleras y sus cubos de basura metálicos

En internet hay numerosos artículos y estudios que describen cada una de las investigaciones y decisiones que se tomaron, como este número de Early Childhood Matters.

Concluyendo

Iniciativas como esta ponen de manifiesto la importancia de investigar y analizar las necesidades y el contexto de las personas usuarias antes de diseñar y desarrollar un producto. La investigación de usuario fue fundamental para comprender las circunstancias de los niños en entornos desfavorecidos y diseñar un programa educativo y entretenido que respondiera a sus necesidades y promoviera su desarrollo.

Las conclusiones son claras: los niños que empezaron a ver Barrio Sésamo en 1970 tienen entre 1,5 y 2 puntos porcentuales más de probabilidad de estar en el curso que les corresponde por edad que los niños anteriores al lanzamiento del programa, según el estudio de Melissa Kearney y Phillip Levine (2019).

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